sábado, 14 de febrero de 2009

San Valentina

Dos medias naranjas que nunca fueron una

¿Por qué será que, ya avanzado el siglo XXI, el Príncipe azul sigue triunfando sobre las sirenas tecnológicas? Ay! ¡Ese amor que necesita sangrar para ser! Imbuido de culpas, reproches, rencores, tristes mercancías del absurdo, nos parece la única forma posible de relacionarnos con nuestro “otro yo”...

Quizás no nos hemos parado a pensar que no hay un otro yo, porque no somos tan importantes, porque las infinitas líneas del azar nos pueden conducir por caminos inimaginables, porque el mundo está lleno de azares, yoes y otros yoes. Pero este empeño por complementarse para llegar a la perfección – o, simplemente, para llegar a ser – nos parece imprescindible y, sobre todo, “normal”. Porque todo el mundo vive así, porque no hay otra manera de vivir. Monogamia obliga.


Separación de lo que nunca estuvo unido

Y así vamos por el camino cargando lumbares y cervicales con amores frustrados, imposibles, perversos, inacabados, incompletos, absurdos. Y las estrategias que montamos para retener ese peso son tan complejas y, a la vez, tan cotidianas, que al final creemos que no sabemos vivir sin ellas. O, peor aún, las valoramos como condición sino qua non de las relaciones amorosas. El chantaje emocional del “estoy triste, depre, me ha venido la regla, me han hecho una putada, me he peleado con mi madre, tenemos que hablar, estoy enferma, quédate conmigo esta noche que tengo miedo, se ha muerto un familiar, estoy consternada por las guerras del mundo, has visto hoy el telediaro?, bla, bla, bla...” nos es tan común como la más mortal de las rutinas.

Pero, ¿para qué necesitamos ese nuestro espejo? Para que sea testigo de nuestra mediocridad. Perdón, de nuestro amor. Porque por sobre todas estas estratagemas amorosas sobrevuela el pecado original: el amor prohibido. No porque nuestro objeto de amor lo sea. Es el amor lo prohibido. Por la ley del nacimiento, la Iglesia, el reglamento, la modestia, los siglos de colonialismo emocional que nos controlan entre las sábanas, sucias o limpias, secas o húmedas, ajadas o recién planchadas. Placer es pecado.



Amor con muchos complementos pero sin complementariedad

Desde la “postmodernidad” se dice que placer es un derecho. Pero como todo derecho, lleva consigo unas obligaciones. A saber: fidelidad, compromiso, correspondencia. Lo que queda fuera de este recorte es la promiscuidad, el acecho constante como el de las fieras nocturnas a quienes han robado el bosque, el vampirismo lascivo que conlleva enfermedades innombrables, el masoquismo de la soledad culposa. Ante estas desgracias, nada mejor que amar compulsivamente, andar a la caza de príncipes aunque sean celestes, sacar a relucir a diestra y siniestra nuestro patetismo amoroso para demostrar, al menos, que sabemos amar.

Y así vamos por el mundo lamentando nuestra soledad. Autocompadeciéndonos: "Si nuestro amor no nos quiere esta noche, la luna siempre nos entenderá. Ella sabe lo que es brillar sin luz propia", podemos decir con despecho. Pero siempre hay otro punto de vista: la luna puede ser una luz estática que cuelga en la nocturnidad o una dama que sale desnuda a deslumbrar el mundo.


Revuelta obscena entre pin-y-pones, el Gato con Botas y La Pantera Rosa
improvisada por mi adolescente rebelde

¡Ay! La ceguera del corazón... ¡Qué bien ve Tiresias a través de los ojos de su amor! ¡Indícame el camino, cariño mío, que yo me clavaré las zarzas y te seguiré con pasión!

3 comentarios:

ex_dones dijo...

ay zorri, como me gusta este texto que ya conozco, tú me enseñaste que si siempre odié la monogamia era porque no me pertenece, igual que los privilegios de la burguesía me son ajenos...
por eso te amo sin esperar que me llenes de algo que me falta, salvo el buche....
k gracia la foto, creo recordar el kolokón en la otra floresta, bien lo dices, complemento lolito mueble, una a veces no está ni para sujetarse a si misma, por eso si que nos tenemos entre nosotras, esto sí que es AMOR
y como recordaba la virginie más rabiosa: qué nadie juzgue las redes gracias a las que sobrevivimos las putas, menos aún desde privilegios que nunca ostentaremos

muuuuuuuuuuuuuaks
itziar

helen lafloresta dijo...

esa es mi chica! ya veras k sopita de calabazas con leche de coco os hago mañana, pa xuparse too!

muaks

The butcher dijo...

Simplemente genial!!!

Besos!