domingo, 15 de marzo de 2009

Que la flor de la noche, pa quien la merece



Alguien me dijo hoy que anoche dije que mis armas eran las palabras y el sexo. Es verdad, aunque recuerdo vagamente la conversación...

También dicen que, una vez más, estuve mucho tiempo hablando del sexo, del cómo y con quién... Eso sí lo recuerdo con claridad....

Antes de salir de casa, había estado leyendo la página web de diana, entradas antiguas, bellísima literatura de lo cotidiano. Dos me conmovieron especialmente: el relato sobre su abuela, y cuando cuenta que de pequeña, se escapaba de casa a las dos de la mañana y se iba a dar una vuelta por el barrio en pijama... volvía al par de horas y se metía en la cama con la convicción de haber vivido un momento que era sólo de ella, una experiencia inexpugnable. Dice algo como: "Supe que el día era del mundo y las noches eran mías." Dicen que anoche dije esa frase varias veces ... La gente me pedía que se la repitiera con los ojos brillantes y admirados.

Me emocionó la compenetración con esa certeza, el encontrar de repente unas palabras que describen una sensación sabida pero innombrada... En esa sencilla aseveración, se condensan múltiples vivencias, propias y ajenas, que con solo repetir la frase quien te escucha recuerda en cuestión de segundos tantas noches robadas y, durante ese instante de comprensión, te unes a otra persona a traves de vivencias no compartidas que han dejado la misma huella. Y todo sin explicarte nada. Esa es la magia de las palabras... Por eso son un arma precisa, delicada y, en este mundo de guerra y miseria, imprescindible.




Cuando leí la entrada de Diana viví en una fracción de segundo mis 13 años, cuando mi padre y mi madre se iban al campo y yo me quedaba sola en el piso con mi hermana el fin de semana. Entonces venía mi amiga del alma, Peta, y estábamos toda la noche fumando, tomando mate y hablando hasta que salía el sol. No era un acto de rebeldía, sino de afirmación, una toma de conciencia de la madurez: el saber que hay un momento que ha de ser inalienablemente tuyo, al amparo del peligro de la luz. Y a las 17 o 18 años, cuando hacía un tiempo que me había ido del hogar familiar a vivir mi aventura en solitario, y nos quedábamos con la chavalería todo la noche en vela, hablando, estudiando, tomante mate, amándonos... En esos momentos, el universo se nos abría como una mujer entregada al placer, con deseo pero sin prisa, un horizonte cálido y oscuro que te acoje amparándote de lo mundano para recibirte en las húmedas cavidades de su inconmesurable interior.



tattoo de scott silvia. Ver black heart tattoos


Anoche fue una de esas noches. Una comida, sol, gente bella, pobre, luchadora, sobreviviente, artistas de la vida, malabaristas del dolor, hijas e hijos de la represión, madres y padres de retoños salvajes, adorables... Bailes a la luz de la luna menguante y el frío de la montaña en la primavera aún dormida... Abrazos y espíritus abriéndose sin miedo ni vergüenza alrededor de un fuego...

Pero hoy mi cuerpo dijo "Déjame en paz, necesito descansar". Dormí hasta las 8 de la tarde. Y me perdí una orgía de lobas en celo... AH!!!! ¡Quisiera ser una diosa y poder estar en muchos sitios a la vez! ¡Y tener una fortaleza más allá de cualquier flaqueza! Pero soy burdamente humana y ahora mismo vuelvo a la cama. Mis emociones son tan intensas cuando comparto miserias, derrotas y glorias con mi gente, que necesito dormir mucho para que se me reacomoden los chacras.



Lo que más me gusta de estas experiencias es que son un privilegio, pero no de la clase rica sino de los pringados y las jodidas de siempre: la Revolución no murió con el Che, hijosdeputa, la Revolución nunca termina, y quienes odiais el cambio ni siquiera os dáis cuenta de en qué momento ni dónde se está produciendo la transformación. Ya sabemos que estaremos peor, que la vida será como en el circo, más difícil todavía, pero estamos mejor preparadas que quienes viven entre sedas y algodones. Que les den. Somos felices sin necesidad de perdices.

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