sábado, 2 de mayo de 2009

Lluvia de abril


La mirada ávida se desliza de una gota a otra.
Su deseo conoce el intervalo exacto
entre cada una de esas muertes diminutas.

A pesar de su mediodía,
conoce la violencia de la tempestad,
el éxtasis de la humedad en la piel,
los poros violados por esos ínfimos cristales
que sus cándidos dedos intentan atrapar.

Por eso permanece detrás de los cristales,
agazapada como esos nubarrones oscuros
detrás de las montañas
que avanzan inexorables hacia el mar.

2 comentarios:

The butcher dijo...

Si en un o.ooooo1% te inspiras con mi blog como para escribir esto; pues muero en paz.

Yo siempre visito tu espacio también, y me voy llena de fuerza, reafirmada.
Besote desde este lado del charco para ti bonita.

Miguel Rodríguez V. dijo...

Bien chica!

Se siente.