viernes, 10 de julio de 2009

Obsesiones de viernes



Me obsesiono preguntándome cómo es posible que mi gente y yo ostentemos tan incansable tesón y todo un arco iris de Habilidades Sociales -cuya ausencia encasilla en la locura a la juventud del siglo veintiuno,con la ayuda de la psicología-, que hayamos conseguido una experticia envidiable en las más variopintas profesiones y unos muy honrados títulos universitarios, que luzcamos un saber estar y unas nociones de protocolo tan finas que ya las quisiera más de una monarquía, y que sin embargo no resplandezcan en nuestros garajes las tan deseadas limusinas rosa…


Es más, estamos todas en la lona. No tenemos un duro. Compartimos pisos sin luz ni ascensor a 15 euros el metro cuadrado, lo que nos lleva a tener una capacidad de negociación por los espacios vitales que seríamos la envidia del gremio de Mediación de Conflictos (si existiera). Pagamos más de medio sueldo por habitaciones sin ventanas y volvemos a casa de la Abuelita a la hora del lobo con un limón rancio en la canastita. Siempre atentas a la injusticia, luchamos elegante y cotidianamente contra la homofobia, transfobia y putafobia con una avidez por los Derechos Humanos que mereceríamos un Nobel de Paz. Y, a pesar de dedicar una energía incansable a honrar las más denostadas e imprescindibles profesiones (hipócritamente consideradas “femeninas”) y a crear las futuras nuevas tendencias (desde las más marginales posiciones y con herramientas que no son más que los despojos del consumismo inconformista que infla la burbuja de la farsa del Bienestar), sólo se nos valora por lo que no hemos llegado a ser, es decir, “normales”.


Negarnos a ser cómplices de la hipocresía de una sociedad que se obstina en prohibir la prostitución sin discutir su media naranja, el Matrimonio-Monógamo-Heteropatriarcal que la sostiene; que discute la limitación del derecho a abortar mientras trata con indulgencia judicial a pederastas y violadores; que destina fondos estatales a distintas ramificaciones del poder eclesiástico pero mantiene bajo la bota y con los bolsillos raídos a la educación y la expresión artística no confesionales; no someternos a este tipo de “inclusión”, decía, lleva a nuestros cuerpos a deambular aturdidos por trabajos soeces, a nuestras ojeras a destacar en aburridas reuniones sobre proyectos sin vida, a nuestros pies a congelarse en esquinas oscuras a la espera de clientes tacaños, a nuestras gargantas a quebrarse en clases, talleres y seminarios que comen del despropósito que es la educación institucional. Quien no sirve copas llama por teléfono, quien no tiene tendinitis en el brazo tiene ataques de angustia. Somos capaces de pagar costosísimas cargas judiciales por defender al chivo expiatorio de turno de esta sociedad amenazadora, pero no podemos asegurar si tendremos habitación el mes que viene...


¿¡Qué coño está pasando aquí!?


(grafittis en Lisboa)


3 comentarios:

Lubna Horizontal dijo...

Pasa lo de siempre querida. Somos lxs miserables intelectxs. Nos negamos a ser felices como nos instruyeron, buscamos la autenticidad, y esto es nuestro "via crucis".

yo estoy feliz en este charco de mierda. el dia que salga de él al igual me da por deprimirme y me vuelo los sesos.ç

un lametón
Diana

PD: un texto brillante, como siempre

Rafa dijo...

UFF! Hoy si que estás muy seria...., jaja!. Pero en varias cosas que dices llevas la razón..., en mas de una, bue, en muchas mas que una...

Helen dijo...

bueno, no es seriedad ni depresión... es ganas de vomitar lo que no es mío pero me jode la digestión ;)

la verdad, yo estoy de puta madre... salud!