viernes, 28 de agosto de 2009

El Puente del Cuerno de Oro



"A las putas de Estambul se las llamaba consumidoras, iban de mesa en mesa en que hubiera hombres, para dejarse invitar por ellos a una bebida cara. Por eso, antes de sentarme a una mesa en algún lado, yo decía: "He venido como consumidora". Los hombres se reían: yo era para ellos una chica con conciencia. La palabra conciencia era importante. Y me gustaba sentarme, como única chica, entre aquellos intelectuales con barba o sin ella. Era como un papel principal, y los hombres eran mis espectadores. Sin embargo, cuando iba de noche a casa desde el restorán Capitán, cogía el último barco, el barco de los borrachos, porque a esa hora sólo viajaban aún hombres que se habían emborrachado en el lado europeo de Estambul. "Ahora pensarán que soy una puta."Andaba como si me hubiera tragado una pértiga, y levantaba una ceja, para poner cara seria. Sin embargo, era cansado interpretar continuamente No soy una puta. "De dónde vienes, preciosa, a estas horas de la noche?" Bueno, que piensen que soy una puta, pensé de pronto. También las putas tuvieron madre como yo. Y una chica que fuera realmente pobre podía encontrarse en dos días en el mundo de las putas. Sólo dos días de hambre, dos días sin cobijo y sin dos personas que pudieran ayudarla bastaban. La chica llamaba entonces a la puerta de una casa de putas. Yo me había quedado embarazada, pero otras chicas me habían ayudado. En mi lugar, una chica pobre habría entrado en el mundo de la prostitución. Tenía la suerte de concoer ahora a gente como Hüseyin, los surrealistas, los intelectuales de la Cinemateca o la escuela de arte dramático. Muchas otras chicas, que no encontraan ayuda, tenían que ponerse a trabajar como putas. De todas las mujeres que veía en las calles, de pronto me interesaron sólo las putas. Se sentaban en aquel restorán nocturno todavía abierto, bajo luces de neón, y me daban valor."

"El Puente del Cuerno de Oro", de Emine Sevgi Özdamar.

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