miércoles, 26 de agosto de 2009

Nublado pero con sol



Amanece nublado en Berlín (como se supone que debe ser). Me despierto a las 8 am del hambre.

Mi hijo duerme (como se supone hacen los adolescentes). Bajo a por brötchens y vuelvo a casa a desayunar.

Aprovecho el silencio para repasar ese texto que se supone ha de ser una novela pero que parece la Sagrada Familia, es decir, el cuento de nunca acabar. Vuelvo al territorio de la tristeza, porque allí es donde se alojan los recuerdos que necesito contar. Cuando las imágenes comienzan a nublarme la vista, un rayo de sol me entra de lleno en el ojo derecho y entonces no sé si la lágrima que asoma es por mirar atrás o por ese rayo de sol que asoma otra vez en el cielo berlinés y se dirige directamente hacia ese mi ojo derecho.


Entonces recuerdo que mi padre siempre decía: "No hay que llorar sobre la leche derramada". Mejor me voy a dar una vuelta por el barrio, y de paso recupero esa sensación de libertad que da el no entender nada y que nadie te conozca. Así al menos puedo volver a aterrizar en mí.

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