miércoles, 2 de septiembre de 2009

El Puente del Cuerno de Oro, III

Yo tenía miedo de representar mal a las putas en escena, y pregunté a la policía de un burdel de Ankara si podía hablar con las putas, porque tenía que interpretar en el teatro su papel. "Quiero aprender de las putas cómo interpretar a una puta." El policía se rió y me dijo: "Haga el favor de ir a la policía de costumbres, para que le pongan a tres colegas que la proteja". El jefe de la policía de costumbres me dijo: "He oído hablar de esa obra de teatro". Me puso tres policías para que me acompañaran, y entré en todas las casas y hablé con las putas. Las putas viejas se sentaban junto a una estufa, y las jóvenes hablaban. Hacía frío, y por eso muchas putas llevaban calcetines cortos y chalecos de lana. Cada puta tenía dos camas, una era la suya propia, una cama de princesa, grande y con una hermosa colcha, y la otra su lugar de trabajo. Todas las putas querían ayudarme. "Dime, hermana, qué quieres aprender?" - "Enséñame cómo pides dinero a un hombre". Las putas me mostraban sus diarios, y todas decían: "Mi vida es una novela". Fuera estaba la patrona del burdel, los hombres salían y le pagaban, y ella enrollaba los billetes como cigarrillos y se los metía bajo las pulseras de oro".

(...)

Después de la fiesta del estreno, las putas y el hombre de la media barbilla (había resultado lesionado por la Guardia Civil de Franco) que habían venido al estreno, quisieron acompañarme a casa, pero de pronto, en la calle y por todas partes en las casas, se fue la electricidad. Las putas encendieron cerillas y me llevaron hasta mi casa con cerillas encendidas. Yo vivía en Ankara en casa de un estudiante ciego que, en aquel momento, estaba lavando los platos con otro amigo ciego. Uno enjuagaba, el otro secaba y los dos hablaban en la oscuridad sobre Marx y Engels, sin saber que también todos los demás estaban en la oscuridad. El hombre de la media barbilla se mezcló enseguida en su conversación en la oscuridad, y las putas me pregutaron si su lenguaje era un lenguaje de ciegos. Empezaron a hablar entre sí en su lenguaje de putas. Lenguaje de Marx, lenguaje de Engels y lenguaje de putas en la oscuridad, nos reíamos, y el hombre de la media barbilla contó que, en 1960, un cura español había vendido a los campesinos españoles un lugar en el cielo. Mil metros cuadrados o cinco metros cuadrados, según, y los campesinos compraban en el cielo el lugar en que querían vivir después de su muerte. Las putas decidieron en la oscuridad comprar sesenta metros cuadrados de cielo. Una dijo que la verdadera vida se desarrolla en la cama, ese lugar bastaría en el cielo. Nadie sabía cuántos metros cuadrados era eso, sólo uno de los ciegos marxistas dijo: "Vamos a medirlo, hermana". La cogió de la mano y la llevó en la oscuridad con paso muy seguro a la habitación de al lado, mientras la puta iba en la oscuridad como una ciega."

Emine Sevgi Özdamar

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