martes, 17 de noviembre de 2009

Pequeñas obsesiones


Dos cosas que me estremecen:

Estos versos de Héctor Viel Temperley que encontré en el blog de Leo:
"y la palabra azulejo / traspasa todos los cielos."



Y cómo no:




Una vez, cuando tenía unos nueve o diez años, vi un pulpo inmenso bullendo en una olla. Sus tentáculos subían y bajaban a un ritmo candente, como si olieran el mar. Durante las horas que hirvió la olla, el pulpo no paró de bailar su particular danza del escape

Al final nos lo comimos. Pero yo siempre pensé que estaba vivo, y que esa carne tan extraña para mí paladar recién estrenado era de un ser vivito y coleante.
Demostrando mi salvajismo, me lo comí encantada.


Ahora veo los pulpos como la encarnación del deseo:
viscosos, flexibles, impredescibles, inapresables
y poderosamente inmortales.


Ya no tengo ganas de devorarlos, sino de disfrutarlos.


Y para disfrutar de los tentáculos musicales, escucho esto:




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