viernes, 15 de enero de 2010

Civismo y pánico moral




Fragmentos de una entrevista a Eva Fernández, candidata a la Sindicatura de Greuges de Barcelona. La entrevista entera en: REVISTA D´ESTUDIS DE LA VIOLÈNCIA Nùm. 4, Enero Marzo 2008

REV: Como analiza ahora con el paso del tiempo la polémica Ordenança Cívica?


EF: Las ordenanzas hay que situarlas en un contexto en que lo elementos y los discursos vinculados a la seguridad han ido penetrando en la vida social y en el ideario colectivo y ganando terreno a las libertades civiles tan duamente conquistadas en el cas del Estado Español y en de muchos otros países. Nos encontramos frente a una ciudadanía que vive sus propias y crecientes incertidumbres que conducen al blindaje en enclaves reales o virtuales2 y que legitiman lo que las antropólogas americanas Carol Vance y Gayle Rubin denominan “pánico moral”. Este fenómeno se basa en el miedo real que siente la ciudadanía y reúne los temores acumulados en torno a la seguridad y a la moralidad atribuyendo a los colectivos de personas pobres y vulnerables ser la causa del conjunto de los problemas que sufre una sociedad3. Un miedo que puede ser manipulado y abonado para justificar políticas de recortes de derechos civiles de un sector concreto o bien del conjunto de la población. En el caso de Barcelona, la aprobación de las denominadas “Ordenanzas del Civismo”, en el 2005, después de una campaña encabezada por el diario de derechas La Vanguardia, supone una buena muestra de estas políticas. La Ordenanza pone en la misma norma, por tanto categoriza con los mismos criterios, la prohibición y el castigo de conductas como el consumo de alcohol en la calle, orinar en el espacio público, la mendicidad, la venta ambulante, los graffitis, patinar en espacios públicos o pactar servicios sexuales en el espacio público. También tiene un capítulo, no desdeñable, de penalización de la expresión de la disidencia política o cultural, penalizando la colocación de pancartas o fijar pasquines en la calle. Dos años después de su implementación, la Ordenanza, se han mostrado incapaz de resolver problemáticas como las conductas incívicas de sectores de turistas, o las incomodidades que el uso turístico y de ocio producen en determinadas zonas y itinerarios de la ciudad, no ha resuelto los problemas vinculados al conflicto por una ocupación diferente del espacio público en función de grupos e intereses diversos y a menudo contrapuestos. Tampoco ha provisto a la población de una mayor sensación de seguridad. En cambio, la Ordenanza ha complicado notablemente el trabajo de las entidades que prestan apoyo a personas en situación de pobreza o de vulnerabilidad 4y ha penalizado a otras que manifiestan su disensión política, este seria el caso por ejemplo de l’Associació de Veïns i Veïnes de Poblenou que fue multada en diciembre de 2007 por pegar un cartel que convocaba a una manifestación en protesta por la pérdida de patrimonio industrial en Can Ricart5.

En este clima de creación y exacerbación de miedos es difícil ver florecer los compromisos de la ciudadanía con las problemáticas colectivas y cabe más bien esperar un repliegue.


Hágame una reflexión crítica a la realidad de Barcelona.

La mejor crítica es el lema que el propio Ayuntamiento promueve: “Barcelona la millor botiga del món”. Barcelona, la mejor tienda del mundo, lo dice todo, la venta de ciudad escaparate, de reclamo turístico, de paraíso de los especuladores. Nos habla de barrios convertidos en parque temático para el consumo de visitantes ocasionales, de la expulsión de los y las jóvenes y de las personas de bajos recursos de la ciudad, el encarecimiento de las viviendas y de los precios de productos de primera necesidad, del transporte…. Y sobre todo de la necesidad urgente de políticas sociales y de defensa de los derechos de las personas, por ejemplo para defender a las que son víctimas del acoso inmobiliario, una lacra creciente en nuestra ciudad.


Notas:
2 Ver Teresa Caldeira.(2000) 2007. Ciudad de Muros. Gedisa. Barcelona. Y Núria Navarro. Los Jóvenes viviran en la inestabilidad. Entrevista a Teresa Caldeira, El Periódico, 4 de enero de 2008. Contraportada.

3 El término “pánico moral” ha permitido a antropólogas como Dolores Juliano o Isabel Holgado profundizar en las raíces y consecuencias que los procesos de estigmatización tienen para las trabajadoras sexuales, son múltiples las obras que podríamos mencionar, como muestra se pueden consultar : Dolores Juliano. 2004. Excluidas y marginadas. Colección feminismos. Ed Cátedra. Madrid; Dolores Juliano. El pánico moral. Sección de Opinión. La Vanguardia, 9 de octubre 2006; Isabel Holgado Trabajo sexual en el mundo global: cuestión de derechos, no de pánicos sexuales. Revista ANDAINA. Galicia, nº44, verano 2006.

4 En el caso de las trabajadoras sexuales, ha logrado incrementar los procesos de estigmatización como sugiere el hecho de que personas de la calle las insulten con mayor frecuencia o que la situación de acoso policial las haya obligado a negociar a la baja el precio de sus servicios o a negociar en peores condiciones el uso del preservativo. Entrevista con Dolores Juliano (LICIT) y Lourdes Perramón (EL LLoc de la Dona- Oblatas) enero de 2008.

5 La noticia apareció el 2 de enero de 2008 en el periódico AVUI, puede ser consultada en http://paper.avui.cat/barcelona/detail.php?id=110740 y va acompañada de la fotografia del cartel pegado con cinta aislante a un árbol.


Eva Fernández Lamelas es enfermera y antropóloga. Miembro de la Coordinadora Feminista desde 1978, es cofundadora de l’Institut Català d’Estudis de la Violència, miembro del Consell de Recerca de l’Observatori del Tercer Sector y presidenta de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona.

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