sábado, 30 de enero de 2010

Desventuras de una noche sin luna


 
Anoche estuve a dos pasos de un ataque de pánico.

Agotada, me metí en la cama antes de las 10. Me desmayé bajo el edredón envuelta por estufas. Disfrutando del sueño estaba cuando un resorte saltó en mi cerebro y me incorporó en la cama de un salto.
Corrí a la sala de estar a buscar el portátil. Me sorprendió la oscuridad de lo que creía el alba.
Volví al calor asfixiante de mi cuarto, me tumbé en la cama y le dí al power. Ninguna señal. “Ya se encenderá”, pensé. “En cuanto se cargue la batería”.
Pero el pequeño, bonito y súper inteligente iBook se encaprichó en no brillar.  “No pasa nada”, pensé. “Tengo todos los archivos importantes actualizados subidos en Dropbox”.

Me vestí, corrí al estudio y encendí el viejo y poco estiloso PC. Mientras esperaba que saliera de su prolongado letargo, contemplé el bosque desde la ventana. “Qué oscuro”, pensé.

Pasaron unos largos minutos hasta que el anciano decidió ponerse a trabajar. Miré el ángulo inferior derecho. 4:25. “Estoy loca”, pensé. “Pero si me he saltado mil sueños por fiestas olvidables, cómo no iba a hacerlo por una urgencia literaria”, me consolé.
Casi temblando de frío y miedo, entré en la página del Dropbox. Ningún archivo. Cero.


Gracias a una gran experticia desarrollada en múltiples ataques de angustia, comencé a buscar situaciones que me alejaran de la caída libre. Recordé haber leído a Muñoz Molina relatar cómo un mal alimentado disco duro le devoró hambriento una novela entera. Y a Martín Caparrós confesar el terror de suponer que no se le había grabado una entrevista muy difícil a cierto estadista latinoamericano .

Distraída ya de la posible desgracia, corrí a buscar el pendrive de cuatro duros en donde creía haber guardado una copia de la novela no hace tanto tiempo. Concretamente, hacía 5 días, de los cuales sólo escribí uno. Un día perdido. Nada más. Y nada menos.

Aliviada, no pude evitar llorar. Eran las cuatro y media de la mañana. Estaba sola con mi pérdida. ¿Qué más podía hacer? “Volver a la tecnología más básica e infalible: mi cerebro”, me recomendé.

El pobre ha superado a Ataris i MacPros. He perdido tantos discos duros como ordenadores pasaron por mis torpes dedos. Recaliento las teclas y aturdo su memoria. Hasta que un día dicen: “Que te den, Zorra”. Y se van para no volver. Pero los muy cerdos se llevan consigo muchos tesoros: el proyecto de tesis, todos los trabajos del doctorado, decenas de investigaciones inútiles.
Me da igual. Mi Brain-Pro vuelve al ataque sin nostalgia. Y no se ha quemado nunca. 


Algún día, un cáncer cerebral o mejor, un Alzheimer, me hará recordar cada una de esas palabras perdidas. Deambularé por las habitaciones delirando estadísticas y versos, argumentaciones y correos, conclusiones y currículums.

Pero todos los discos duros que han muerto con mis páginas no podrán decir nada nunca más. Que se jodan. Que se pudran sus memorias en un hálito de olvido. Ineficientes, inoperantes, cansinos. Que se joda la obsesión potenciada de tener el último adelanto, la mejor tecnología, el más bonito aparato. Mi Brain-Pro no tiene nada que envidiarles: no pesa más que por alguna contractura en el hombro, es fácilmente transportable, inviolable e imposible de decodificar. Hasta que la muerte nos separe. Amen.  

2 comentarios:

Lubna Horizontal dijo...

Yo, ducha ya en este tipo de desgracias, estoy escribiendo y guardando mi engendro en mil sitios. Googledocs, me reenvío a mí misma los capítulos a todos mis mails (yahoo, gmail, riseup), e incluso los pongo en borradores de wordpress.

Confío tan poco en los discos duros como en mi Brain-pro (podría quitarle lo de "pro" y nadie notaría la diferencia) y toda precaución es poca cuando lo que está en juego es perder a un hijo para siempre, eso es muy doloroso, porque cuesta mucho parirlo.

También lo grabo en dvds los días que escribo mucho y ahora que estoy terminando lo tengo en tantos sitios que ya no sé muy bien cuál es la versión definitiva...

Pero bueno, siempre es mejor el caos que el vacío.

Un beso nena,
Diana

HelenLaFloresta dijo...

nunca mejor dicho, compañera de chorros e infortunios.

el caos me ha hecho mejorar la última versión, y ahora actualizo frenéticamente cada media hora los archivos en web...

ánimos y hasta prontísimo