miércoles, 24 de febrero de 2010

El viento trae la primavera

En agosto postié esto:


Jorge Luis Borges estaba enamorado de Estela Canto. A pesar de su destreza literaria, el hombre no se sentía muy capacitado para las artes amatorias. Quizás porque no quería rebajarse a un sentimiento tan humano, tan poco divino. Quizás por el pavor que le ocasionaba mostrarse desnudo ante otro ser humano. O tal vez en un intento de escapar a los tortuosos caminos de la traición a las que, muchas veces, el amor nos lleva.


En una de sus últimas cartas a Estela, Borges escribió:

"Querida Estela. (...) me repites que puedo estar contigo. Si ello es obra de tu amor, sería mucho; si es un efecto de tu cortesía o de tu piedad, por decencia, no puedo aceptarlo. Amar o incluso salvar a un ser humano es un trabajo a tiempo completo y difícilmente puede, creo, sobrellevarse con éxito sólo en los ratos libres. Pero, ¿a qué traficar en reproches, que son mercancía del Infierno?"




El post seguía, pero esa es otra historia.


Hoy digo:


Borges era un señor de la alta burguesía anglo-argentina. Su oficio era el de lector y escritor. Un hombre blanco probablemente heterosexual, inmensamente rico y de vasta cultura.




Muy lejos de esta figura está una servidora. Mujer inmigrante blablabla… una pringada.


Así que el amor para mí es otra cosa. No hay lugar para Estelas Canto en mi espacio de vida. No puedo permitirme estos lujos. Pero no puedo negar que Borges tenía razón: amar es un trabajo a tiempo completo.


El problema es que en una vida ajetreada como la mía – sin sofás ni tertulias, sin bibliotecas ni ceguera - el tiempo es un bien escaso. Y cuando hay escasez, hay que espabilar.

La gente que necesita espabilar, ya sea por urgencia o por avaricia, suele trapichear: con drogas, puestos de trabajo, armas… hay muchas posibilidades, según los recursos… Yo trapicheo con tiempo: de trabajo, de ocio, de cariño, de enfado… Corro los metros, salgo antes del trabajo, me escapo de las fiestas, me quedo en la cama, pido estirar plazos… Todo para quedarme más de la cuenta, hacer menos de lo que me fastidia, disfrutar más de lo que me gusta. Y (sobre)vivir –glamourosamente - en el intento.

La única conclusión que he sacado de esta ecuación que tan mal me sale es que el amor es aristocrático. El resto es sobre todo deseo. Luego posibilidad, frustración, angustia, alegría, vuelo, caída…

7 comentarios:

Lubna Horizontal dijo...

a mí me lo justifica todo su ceguera, también la metafórica. como las polillas que se acercan a las lámparas de queroseno.

Institut Interuniversitari dijo...
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Sweet and Tender Hooligan dijo...

ahora si helen
el amor es aristocratico.
ojo con el deseo, que tampoco es nuestro.
aguante

Sweet and Tender Hooligan dijo...

me olvidaba
balderston no estaria de acuerdo con le heterosexualidad de borges
de hecho pensa no se reprodujo su mejor amigo era bioy y asi
es decir es una prerrogativa de las clases dominante no necesitar ser definida por orientacion sexual (mas si por practicas) en ciertos territorios, de alli las ambiguedades y oscilaciones de ese grupo Sur todo: silvina, victoria, pepe bianco juanjo hernandez, bioy, su mama (amiga "intima" de silvia su mujer, y quien arreglo el matrimonio entre ellxs a pesar de la diferencia de edad) y la lista sigue.

HelenLaFloresta dijo...

si, si,,, por eso digo "supuestamente heterosexual". es lo k dices, no necesitan explicitarlo.
y lo del deseo, si, estamos (una vez mas) de acuerdo: arenas movedizas sólo para especialistas...
trk y no es aristocrático ni hetero

HOY MI COÑO NO ADMITE TUS TARJETAS dijo...

ese texto llega a mi vida justo en el momento oportuno

HelenLaFloresta dijo...

me alegro, coño que no admite tarjetas... y no esperes que te dejen salir, ¡sal! (a veces la puerta está abierta, y la ceguera del encierro no nos permite verlo)