lunes, 12 de abril de 2010

Juventud, pornográfico tesoro

"Dividido entre niño y hombre (lo cual le hacía inocentemente ingenuo y a la vez despiadadamente experimentado), no era sin embargo ni lo uno ni lo otro, era cierto tercer término, era ante todo juventud, en él violenta, cortante, que le arrojaba a la crueldad, a la brutalidad y a la obediencia, le condenaba a la esclavitud y a la bajeza. Era bajo, porque era joven. Malo, porque era joven. Sensual, porque era joven. Carnal, porque era joven. Destructor, porque era joven. Y en su juventud, despreciable. Y el punto más interesante: lo más fino que tenía, su sonrisa, era precisamente lo que le ataba a la bajeza, ya que aquel niño, desarmado por su predisposición a reírse, no podía defenderse. Y todo aquello le azuzaba encima de Henia como encima de una perra, ardía por ella, y realmente aquello no tenía nada que ver con el "amor", era sólo una brutal humillación que tenía lugar al nivel suyo -un enamoramiento becerril, con toda su degradación. Pero ni siquiera llegaba a enamoramiento -y en verdad él la trataba como a una joven señorita a la que conocía desde que andaban a gatas- (...)"
De Pornografía, de Witold Gombrowicz

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