viernes, 23 de abril de 2010

Sant Jordi, otra vez


Hace quince años estaba yo de pie frente a una ventana pintándola de color azul. Era la ventana de mi propia casa, la estábamos construyendo con nuestras propias manos, con la de la manada, bajo el sol rabioso del verano. De repente, motivada quizás por el calor, la ilusión, o quizás el vuelo de la imaginación, miré hacia abajo y un semi-círculo dorado me impidió verme los pies. Era mi panza. Estaba embarazada de siete meses y medio. Iba a parir en dos meses. Y yo estaba pintando una ventana de azul. Joder. Tengo que parir. Y no tengo ni idea de lo qué eso significa. Y esta vez no puedo llamar y decir que estoy enferma. Tengo que hacerlo. Yo. Joder.
Con la misma energía con que pintaba la ventana, me puse a investigar. A la semana estaba haciendo Kundalini y a los diez días estaba en un centro de mujeres que acompañaban el parto en casa.
Fue una explosión. Nada podía ir mejor. Mi cuerpo era yo, yo era mi cuerpo y ese otro cuerpo y la sangre que hervía y todo era sexo y deseo y redondez. El mundo era el universo y yo flotaba en el infinito pero no era yo. Al menos, no ese yo vanidoso, egocéntrico, humanista. Era agua. Océano. Pulpo y cangrejo, tiburón y delfín.
Hasta que llegó el momento. Tranquilito. No había lugar para el dolor porque si algo se sentía eran los pies en la tierra, pero no, no “en” la tierra, sino que los pies eran tierra y la sangre savia y las neuronas sexo y agua. Y flotaba en un estar y no estar. O en un estar en. Alrededor había gente haciendo cosas. Riendo, hablándome, mirándome a los ojos cuando me iba a miles de metros bajo el mar. Comiendo. Y la comida olía a muerte. Porque la vida era agua y fuego. Mi alimento era mi deseo. Y mi deseo, una implosión de vida.

Entonces algo se rompió. Un misil, un volver a la tierra pero ya no desde el mar, sino cayendo por un agujero negro inexorablemente hacia la tierra. Tenemos que ir al hospital. No. No. Al hospital no. Sí, tenemos que ir. Escúchame, decían esos ojos engrandecidos, tenemos que ir ahora. Y todo se fue inexorablemente al carajo. Me metieron en un infierno y no me dejaban salir. Y yo lo intentaba. Pero no. Entonces tuve que volver definitivamente a la tierra y decidir, tramar, buscar la fuga, escapar. Y lo conseguí, pero algo se perdió.
Los ojos que dijeron tenemos que ir no cumplieron con lo prometido. Se equivocaron. Claudicaron. Fallaron. Y se arrepintieron. Mucho. Pero yo no quería aceptar que me habían jodido el mejor viaje de mi vida. Los ojos eran responsables de ese error.

Hoy es Sant Jordi. No compré los libros que quería comprar. No escribí el post que quería escribir. Pero abrí el diario que generosamente da La Vanguardia a la UB. Intenté con el crucigrama, pero abandoné. Probé con el sudoku, pero me aburrió su estupidez banal. Cerré el diario, aburrida. La contratapa se quedó mirándome. La observé de reojo y una palabra me llamó la atención: Manresa. Abrí el periódico. Era una entrevista a una mujer que se dedicaba al parto en casa. Empecé por el final, por cierta tozudez que me ata a la rebelión. La leí entera, de atrás hacia adelante. A través de las lágrimas vi una luchadora, una pionera, un ser adorable. Y pensé ojala me hubiera asistido el parto. Última (primera) pregunta de la entrevista. Llego al final, es decir, al principio. Leo el nombre de la mujer. Me suena. Miro la foto. El nombre. La foto. El nombre. La foto… Las canas habían conquistado el pelo. Pero los ojos eran los mismos.

Pensé en escribirle. En decirle que estaba equivocada. Yo me había equivocado. También. Ese fue el dolor, las contracciones no duelen, lo que duele es el no dejarlas pasar. Como siempre con el dolor. Pensé en cómo decirle que su error fue enmendado. Que yo ya no soy yo. Que… Que han pasado quince años y le agradezco su trabajo, su ética, su pasión. Su esfuerzo y su calidez.
Pero no hice nada. Si acaso, intentar enmendar este Sant Jordi con una historia verdadera. ¿Qué diría Violencia Ribas, eh? ¿Qué diría?

4 comentarios:

Anarco Cerda Sudaka dijo...

te recomiendo a esta otra mujer
maria del carmen brion
y su libro el parto de la hembra humana
estoy escribiendo un libro sobre ella
me encantaria escribirlo con vos
argentina feminista preocursora del feminismo local muy copado
hice mierda a varios en juicios googleala

*♥Bi☺☆*L♥Ve★★* dijo...

que bonito, con su permiso lo cuelgo tb en mi biolove blog...

ayer no logré llegar a la floresta, cerca de ti pues entre tanta mirada y liquido, letras y personas acabé agotada.

pero ya estoy recuperada y muero de ganas de bailaaaaaaaaaaar.

besitos y feliz san jordi
alf

cucho dijo...

siempre he temido al post-dolor que te deja el dolor fisico

HelenLaFloresta dijo...

gracias leo, alf, alejandro y javier... besazos!