sábado, 21 de agosto de 2010

Imperio


Anoche vimos Vals con Bashir. La masacre de Sabra y Chatila narrada con precisión cirujana por periodistas y soldados israelíes. Los olores, sudores y horrores de la guerra. El miedo. Los malabares de la memoria como estrategia de supervivencia. La mirada que retrata fragmentos pero desfallece ante la posibilidad de una mirada global.


Después soñé con un lenguaje en el que no existían los artículos por su inutilidad. Veía “els” y “las” bailando solos mientras eran digeridos por el agujero del sueño. Al final, desde el fondo de la oscuridad, aparecía la palabra IMPERIO. Así, en mayúsculas. Y sin artículo. “Imperio no necesita artículo”, pensaba, “todo es Imperio”.

Esta tardecita, cuando baje el sol, miramos El niño con el pijama a rayas. La masacre de Auschwitz.

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Para una crónica de Sabra y Chatila, recomiendo esta crónica de Jean Genet:

“El amor y la muerte. Estos dos términos se asocian muy rápidamente cuando se escribe sobre uno de ellos. Me ha hecho falta ir a Chatila para captar la obscenidad del amor y la obscenidad de la muerte. Los cuerpos, en ambos casos, no tienen nada que esconder: posturas, contorsiones, gestos, expresiones, incluso los silencios pertenecen a uno y otro mundo.”

También este artículo de Rosemary Sayegh sobre las responsabilidades enterradas de la masacre.

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Un día fui a casa de Maruja Torres, quien recientemente ha dejado Beirut para volver a instalarse en Barcelona. Nos dijo algo así como: "Desde que ya no les bombardean, sólo se oye el ruido de las constructoras".
De haber vivido en estos tiempos, Clausewitz habría dicho que el boom inmobiliario es la continuación de la guerra por otros medios.

1 comentario:

edu dijo...

Vi "Vals con Bashir" , prácticamente el mismo día que dices.
Desde que fui a Palestina me cuesta ver peliculas o documentos relacionados con la Barbarie humana que allí se da.
Esta Peli nos da el punto que nos falta para completar el puzzle del horror. La voz de los muchachos israelís educados, programados y obligados a Matar y Odiar.
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