lunes, 27 de septiembre de 2010

Diana Bellessi y Ursula K Le Guin

Buscando poemas de Diana Bellessi en la red, encontré dos cartas entre ella y Ursula K. Le Guin. Entre las dos escribieron The Twins, the Dream / Gemelas del sueño, poemas de cada una de ellas traducidos por la otra. Su relación se inició de manera epistolar, pero Diana Bellessi rompió la distancia. Pongo sólo algunos párrafos de cada una de las cartas, aquí se pueden leer completas.


Traduciendo a Ursula, por Diana
Buenos Aires, 23 de octubre de 1994
"Querida mía, es una dulce mañana de octubre, domingo somnoliento sobre las calles aún silenciosas. Salgo a caminar y mis pasos me llevan al verde, el Botánico primero y el “bosque” después, así llamamos a estos parques: bosques de Palermo. Cuando dejé la isla y anclé en la ciudad, me acerqué a ellos lo más que pude, pero ahora hace meses que no vengo por aquí. Cada día salgo a vigilar los árboles en los alrededores de mi casa. Veo nacer los primeros verdes, delicadas filigranas casi invisibles, y su avance mágico, extraordinario, en coronas de hojas cuya variedad no cesa de maravillarme. Dejame que te los nombre en mi propia lengua: fresnos, arces, plátanos, paraísos, son los que abundan en las calles, de pronto un tilo, un árbol de Judea, el aura de un sauce. He caminado estas semanas bajo la embriaguez de los paraísos en flor, detenida frente al rosa único de los lapachos, y aún vendrán los jacarandaes azules de noviembre cuando las avenidas parecen un mar derramado, después las tipas de fulgor amarillo. Mis pasos me llevan al bosque y ya en él, como otras veces, lloro. De una felicidad inexpresable. Sin entender por qué me aparto de aquí. Todo lo que he hecho en mi vida ha sido, por alejarme de él, por retornar a él, el verde. 
(....)

Saludo la belleza que aún poseen tus poemas en castellano, una lengua generosa y sabia, alimentada por los países del Sur que la hablan con sus afluentes del quechua, el aymará, el mapudungun, el guaraní..., con sus resonancias itálicas aquí en Argentina. Los saludo y se, cuántos ecos se han perdido en la traducción, ecos plenos de sentido que toda palabra y todo juego sintáctico o sonoro porta en su idioma originario. Se de lo imposible que es toda traducción, y aún más del poema que pretende casi ser materialidad pura, el Bosque mismo, y nunca se consuela con ser solo su mención. Allí te pierdo, donde voy a buscarte. Sin embargo este libro ha sido nuestro mayor gesto de mutuo amor que reposa en un movimiento de alteridad, de dejar ser, en palabras, a la otra.
Que las aguas del Kiamath y el Paraná cobijen nuestras palabras, las vuelvan murmullo de agua del mismo continente, sin opresión ni tutelaje, como gemelos que son navegando hacia el gran río.

 Te ama, tu puma


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Hasta aquí, la carta de Diana hasta el párrafo en que rompí a llorar como un cocodrilo, en caso de que los cocodrilos lloren mucho, diría el poeta. Amo el verde, los verdes, y a Ursula LeGuin, y a las islas del Paraná. Pero no lloré por nostalgia, sino por los verdes nomás.  (Hace unos años, cogí unos psilocibes y fui con dos amigos del alma a un río en los prepirineos. Lo primero que sentimos al tomarlos fue que las piernas se estiraban y temblaban. Lo segundo, la conciencia de tantas tonalidades de verdes que nunca más pude dejar de ver. Sólo cambió la intensidad de los colores y la cantidad de veces que soy capaz de mirarlos, porque como me dijo uno de esos amigos luego: "tu cabeza no está preparada para ver tantos verdes". Y es verdad...) Luego puse el fragmento final de la carta.
Ahora dos fragmentos, el primero y el último, de la carta de Ursula a Diana. Y al final, el poema de Diana que más le gusta a la Le Guin. 

About translating Diana, by Ursula
She wrote me letters about my books, funny, crazy, fascinating letters I ‘had to answer. We wrote back and forth. She made my letters crazy too, and I loved writing her. That was fun, that was easy. All words. 1 love words.
Then all of a sudden she writes. I' m coming to see you. I’m arriving from Florida on the plane. Now I was scared. Now it wasn’t a game of words any more, now it was a person, some crazy poet from Argentina flying into my life, disarranging me. What do I do with her, what do I say to her, what does she want from me? I’m in the middle of a book and I don’t want to stop for a stranger. She thinks she’s coming to see the dream-hero she’s made me into in her mind, and she’ll find a middle-aged housewife who’s afraid of people, shy, selfish, no kind of hero, and she’ll be disappointed, I’ll let her down, oh, why is she coming?
(...)
Translating is an excellent test of a poem. Sometimes they wear thin as you rub and polish and scrape and adjust your version. None of the later poems in Tributo have worn thin; they have only grown in nuance and resonance as I grow able to go deeper into them. The political terror of the years when they were written is touched on only by the lightest allusions in the second part, but like a drop of red dye those few lines color and darken the whole book. The passion and strangeness of the dream poems in the third part leads on to the radiant intensity of the love poems and the earthy-transcendent splendor of the final and my favorite, “Isla”.
 Gracias, mi puma de oro, por el regalo de tu poesía y de tu corazón.
 — Tu osita vieja


Isla (Diana Bellessi)

La memoria:
            ¿territorio
            cuya migaja heredé?
—He perdido la memoria.
Una aurora boreal se expande
en la seda oscura.
Suenan los búhos
de copa en copa
vegetal derramados.
No existe el viento.
Duermo en un lecho de musgo
en un sueño
donde despliega
su quieta redondez
la Isla de humus y de arena.
Medallón verde.
Hojas transparentes
y árboles como naves
que flotan en el cielo.
Amanece
La niebla demora
el nacimiento del mundo.
Fragmentos. Formas inacabadas
cuyo fin es el comienzo
y su comienzo la cara
inmóvil del final.
Veladuras de esmalte.
Cortejo de niños y de sombras
que vuelven al agua inicial.

Rumor de dedos y de uñas.
De colas asaetadas que vibran
se despiertan
ante el sordo fervor de las estrellas
calientes del día.

Arenas blancas. Polvo de seda.

Insectos redondos
y pintados cuyas alas
en pequeños carapachos se repliegan.

Entro al mar inmóvil.
Boca y ojos abiertos.
Profundo. Profundo.
No soy extraña para ellos.
Poseo la cualidad del pez.
De pólipo o flor
suspendida en el gesto
de la vida que desciende
a su contemplación y su deseo.

Tortugas.
Un mundo que se desliza
y salta. Lagartos, camaleones
iguanas y salamandras.
Un collar de rocas
pequeñas y ardientes.
Un collar de rocío en la sombra.

El árbol de las frutas
crece con mi hambre
y se disuelve
en la saciedad.
Senos redondos de oro oscuro.
Chupo, huelo y muerdo.
Todos los jugos, la carne
la suave superficie del hueso
replegada y tensa
en el cenit del deseo.

Una reverberación de fuego
el aire.

Pequeños heraldos de piel
y de plumas
surcan la tarde.
¿Pájaros?
¿Bestiarios
de hermosura y silencio
que aparecen
cuando el sol declina?

En el medio hay un claro.
Un círculo vacío y extenso
con pastos del sudán.
Solsticio permanente. Danza.
Cruzan ráfagas de púrpura.
Los pies, la cabeza
las palmas de las manos
sostienen y se desplazan
en la tierra. El resto
del cuerpo sigue a la pelvis
en su arco, su ascenso.
Todo acaba. Todo empieza.

Entro al Otro Mundo
en otro mundo.
Follajes de agua dorada.
Terror del deseo
Embriaguez del deseo
Filigranas vivas que van del amarillo
al rojo, al naranja.

Por fin oscuro y lento.
Sin respuestas, sin palabras.
A proa de un bajel inmóvil,
Ánima: Señora del amor
y de la muerte

surcando el cielo.

¿Habitante o habitada?
Estuco y sangre.
Fuego alterado en la memoria
de la especie.

Isla. Umbral. De sueño el sueño
y la trama.
....
Diana Bellessi hace, o ha hecho, no lo sé, talleres en cárceles de mujeres. El que sigue es un video de un festival de poesía, "Yo no fui", en la Unidad Pentenciaria Nro. 31 de Ezeiza.

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