martes, 7 de septiembre de 2010

Rabia

Me quejo de todo. El que no llora no mama, aprendí en una familia numerosa. Vivo en un espacio que dan ganas de vivir. Amo y soy amada por gente que dan ganas de amar. Puedo actuar sin miedo. Tengo pasaportes que me permiten moverme a través de las fronteras. Como, bebo y cago muchas veces al día, señal de buena salud. Conozco y gozo la potencialidad de algunas drogas. Pero me quejo. Sobre mis espaldas, mucha gente manda y no deja de robar. A mi alrededor, calor de manada rompe el mandato y no deja de denunciar. Pero el que no llora no mama, dice el tango. Y me quejo. La niña troskista que una vez chilló no está muerta. Sobrevive en el grito rabioso. Mientras robaba horas al yugo, leí: <<"El antónimo de olvidar", dijo el historiador judío Hayim Yerushalmi, "no es recordar, sino justicia".>> 



Justicia no es disparar. Pero qué ganas de volver a sostener la carabina que gastaba en mi niñez rural... Nunca conseguí matar ni un loro, objetivo principal, pero seguro que la práctica metáforica -y virtual- me ayudó a afinar la puntería. En eso estoy...

1 comentario:

Itziar a ratos dijo...

ay kerida, como te entiendo, sobre todo en las ganas de sostener una 9milímetros, por qué no una ametralladora, una kalasnikov que siempre sonaron tan bien (un poquito a vodka)
da igual, de sostenerla y apuntar desde mi cuerpo hacia todo lo que me jode, aunque sea simbólicamente, aunque sea por el terror que daríamos...
aunque mucho mejor fue emborracharme contigo el otro día... y recuperar tu verbo certero y enaltecedor, que es más dañino para ellos que cualquier bala... e infinitamente más gozoso para mí
te adoro zorra