sábado, 20 de noviembre de 2010

¡Qué poder el del hambre! Bestia feroz, monstruo ingobernable. Más poderosa que el deseo sexual, la neurosis, la ansiedad, a mano casi con el dolor. Quienes se niegan a comer, por la causa que sea, llevan a cabo una lucha de proporciones inconmensurables.

Millones de personas arriesgan sus vidas cada día atravesando las geografías más aterradoras para escapar del hambre. Pero hay otras que se niegan a comer. “Este es mi territorio”, parecen decir, “y no dejaré que nada ni nadie lo invada”.

Esa lucha no puede ser sólo parte de una cruzada estética. Es mucho más fácil y placentero hacer dieta y estar enganchada a la adrenalina del gimnasio que decidir no comer. Cuando tienes hambre y ves comida el cuerpo lo ocupa todo, no eres más que materia deseante.

Lo único más poderoso que el hambre es la obsesión por controlarla. Si lo consigues, reinas sobre todos tus instintos. Y si puedes con eso, ¿qué más da todo lo demás?

No sé de donde puede venir esa obsesión. Desde la psicología claman que se origina en una fuerte represión durante la pubertad, o también que es una distorsión de la percepción. Las personas se ven al espejo y ven lo que no hay, como si estuvieran en viaje psicodélico permanente.

Conozco personas de tripi perpetuo y su poder de voluntad es diametralmente opuesto al de quienes se niegan a comer. Y la fuerte represión en la pubertad es señalada por tantos índices culposos que dudo de los males que se le atribuyen. Damos una importancia desmesurada a ese invento occidental que es la pubertad.

Quizás quien decide dejar de comer tiene la necesidad de hacer de su cuerpo un vehículo de expresión. Modelarse a imagen y semejanza del propio deseo, aunque este sea antisocial, antirreproductivo y hasta antihumano, ya que atenta contra lo que se supone un instinto básico: la supervivencia. Es un deseo en estado puro, un diamante sólo pulido por dedos huesudos y obstinados.

La anorexia no es como el suicidio: una decisión terminal, un último acto de renuncia, el final de todo y de nada. Es más bien un proceso lento y tortuoso de modelamiento de la conducta, de domesticación del hambre, de acostumbramiento del cuerpo, de rebeldía social. Quien decide este camino no es víctima más que de unas ansias descontroladas de control.

2 comentarios:

mireia dijo...

hola!!
et felicito pel teu blog! M'encanta com escrius i les perspectives amb les que enfoques els temes sobre els que parles!! Aquest cop m'he decidit a escriure pq en aquest post m'he identificat plenament, quan tenia 16 anys em vaig rebel·lar contra el meu entorn i la seva violència, i vaig utilitzar com a eina el que tenia al meu abast: el meu cos.
Els tentacles del patriarcat han sabut instrumentalitzar aquest tema a la perfecció per seguir perpetuant la imatge de les dones com a víctimes.

HelenLaFloresta dijo...

hola mireia, gràcies per escriure. anima't sempre, el silenci és la última opció..

penalitzar l'anorèxia és com penalitzar el suicidi, però mentra que el suicidi és vist com un acte, inclús de valentia, l'anorexia és explicada com a renúncia, estupidesa, capritx, vuit: les característiques pròpies de la femenitat.
el cos és un camp de batalla, però viure'l com espai habitable ens permet lluitar