miércoles, 16 de febrero de 2011

Ayer fue un día gris, de esos que desdibujan los contornos y exigen la inmovilidad como estrategia de supervivencia. Hoy es un día brillante, de esos que no te dejan adivinar nada porque el banquete está servido, sólo tienes que sentarte a comer. Pero no hay climatología que consiga sacar mi cuerpo de abajo del edredón. La habitación luminosa, las sábanas blancas, los libros ansiosos en todos los rincones, las Babelias arrugadas, los cuadernos ajados, la cafetera vacía que sigue desprendiendo olor a buenos días... no hay paisaje más hospitalario, literal y metafóricamente.
¿Cuántas mañanas he pasado con el culo aplastado sobre el colchón durante los últimos meses? Todas las que he podido. Para el saco de huesos lloriqueantes en que he devenido es un lujazo llevar la vida de Ignatius Reilly, el cerdo protagonista de La conjura de los necios. El sedentarismo y la intensificación del desprecio a la humanidad que éste provoca son prácticas propias de la obesidad morbosa. En un mundo tan vertiginoso y bien informado, la pereza es patrimonio de la discapacidad o es un atentado terrorista, una suerte de autoinmolación que requiere muchas habilidades: no mirar la tele, no hablar por teléfono, no desear más que lo tienes en la boca, no aspirar más que el aire cerrado de las cuatro paredes de tu cuarto. Para mí, es la reapropiación de mi juventud temprana. Hace veinte años, mi máxima actividad física consistía en dar un par de paseos semanales a juntar ramitas para encender el fuego. Pero poco a poco fui cayendo en los agujeros negros de la ciudadanía constitucional: el aburrimiento me llevó a la ambición, la ambición a la cuenta bancaria, la cuenta bancaria a la esclavitud posmoderna. Las horas literarias y las sobremesas perezosas quedaron para lo que pasé a llamar tiempos muertos, esos, los más vividos. El andar se transformó en correr, y correr es siempre detrás de y huyendo de. Así, parar es de kamikazes. Pero como suele ocurrir cuando disparas al ritmo y aniquilas el silencio, tropiezas y caes. Te levantas y caes. Y cada caída cansa más, duele más, hasta que te aburres de caer como antes te aburrías de estar tumbada. Al final, la posición del cuerpo es la misma, por lo que te preguntas para qué carajo ibas tan rápido si igual ibas a acabar en el suelo.
Así que con esta bordada argumentación continúo bajo el edredón hundiendo el culo en el colchón de latex y dejo que la casa siga siendo receptáculo de la gandulería y el desprecio al orden y al civismo mientras me carcajeo con las aventuras de Ignatius Reilly y su excéntrica madre, mientras espero sabiamente que las colchas manchadas de sexo enciendan la lavadora y se tiendan al sol con la ayuda de los calcetines, que los platos eliminen el recuerdo de cenas y desayunos con la inapreciable asistencia de las hábiles cucharas y que la leña se acumule en la puerta gracias a la generosidad de los periódicos viejos. Quisiera tener voluntad sólo para una cosa: colgar un cartel en la puerta con la leyenda: "Prohibido el paso, estamos en obras. Siento las molestias, estamos mejorando para usted." Pero como no la tengo, aquí me quedo, ya que nadie se molestará en golpear la puerta de una gandula habiendo tantas cosas por hacer.

5 comentarios:

Esperanza Moreno dijo...

Aquí una fan de Ignatius y su madre, me han entrado ganas de releerlo.
Espero que no se te olviden esas primeras líneas que vomitaste en el hospital y los suculentos planes para nunca ser ricas pero ser felices, ya sabes... no me atrevo a frenar por ahora no sea que se me cierren los códigos, pero sí a sacar tiempo de donde no lo hay para seguir haciendo cosas y más cosas... ¿qué? ¿retomamos? ¡Tengo la manita inquieta y con ganas de escupir!

HelenLaFloresta dijo...

qué se me van a olvidar, nena! se están puliendo al calor del edredón... una vez abiertos los códigos, hay que hacerlos útiles, ponerles a trabajar, reinventarlos... te mando un mail para q te pongas a escupir

besossssssss!!!!!!!!!

mono magnético azul dijo...

"el aburrimiento me llevó a la ambición"
¡uau!

Anónimo dijo...

HOLA, como no entiendo mucho esto de internet te diré, que soy el de no se escribir ni leer, ningún sabio sabe arar......

Empecé tu libro y lo terminaré otro día.

Me siento digamos identificado con lo de la reapropiación ( de mi mismo). Mi colchón no es de latex. Pero tirado en la piltra, reaprompio el silencio y si estoy dos días sin oir ni el silencio, me conjuro con el universo y vienen toda clase de recuerdos e imagines perdidas en el ex 9 ( 3 veces estres) de una etapa de mi vida a la velocidad de la luz al cuadrado. Sigo leyendo hasta luego Helen

HelenLaFloresta dijo...

anónimo, cuéntame algo cuando termines el libro, si llega ese momento...