jueves, 10 de febrero de 2011

Entre quienes se aprovechan de la llamada "Crisis" (como si fuera la única, como si fuera inevitable, como si fuera una crisis de verdad, es decir, la ruptura de un proceso que quizás ya no continúe) están las tan bien pensadas oenegés. Las oenegés saben un montón de aprovecharse del las ogés, es decir, del gobierno. Planes de ocupación, subvenciones, voluntariado, son su pan diario. Ahora que escasean las "ayudas" de Papá Estado y Mamá Europa, se dirigen sin piedad a la buena voluntad (la necesidad, diríamos) de la gente.
¿Qué significan sino estos requisitos en sus ofertas laborales?: "buena tolerancia al estrés", "Capacidad de trabajar bajo presión". Te pago 1200€ brutos por 40 horas semanales a cambio de tu vida entera vivida en régimen de flexibilidad horaria. Es decir, has de ir un domingo a la tarde a su puesto de "telovendotodo.com" y, de paso, repartir trípticos con fotos de criaturas morenas que, por un despite de la ética, justifican su existencia. Luego hay la variante "25 horas semanales por 10.000€  brutos al año". Es decir, entre 6 y 7 € la hora y con contrato de, máximo, 6 meses. Eso por no mencionar sus otros requisitos: alto nivel de idiomaS, títulos varios, amplia experiencia y capacidad de bajar la cabeza mientras les organizas sus desórdenes. O sea, te vuelves majara para el beneficio de unos pobres humanos que sin tu trabajo serán aún más desgraciados. "Pierde tu sonrisa para regalársela a un niño". (donde dice niño, puede decir también drogodependiente, persona de la tercera edad, habitante del Sur)
Quisiera denunciarles pero no sé dónde acudir. Que los directivos de banca salgan en los diarios con sus sonrisas torcidas declarando que se han bajado los sueldos dos céntimos al año está bien: todo el mundo sabe que están robando sin necesidad de una 39mm. Con un buen traje y una sonrisa de besugo les basta. Pero que salga el personal de las oenegés con sus sonrisitas de bondad y sus manos caritativas diciendo "no tenemos dinero, bua bua bua" me da casi más asco. Detesto los lobos disfrazados de corderos.
Las oenegés han hecho la faena sucia del Estado de bienestar. Miles de vidas humanas dependen ahora de su trabajo, que es en realidad el que desempeñan personas honestas que se lo creen, que son capaces de dejarse explotar por el bien del resto de la humanidad. En momentos de decadencia como estos, las alarmas éticas habrían de dispararse hasta petarnos los tímpanos. Cómo diría Haraway, es fundamental preguntarse a quiénes benefician sus proyectos, cómo se llevan a cabo y para qué.
(Para empezar así el día, podría haber aprovechado que no tengo que ir a ningún "trabajo" y seguir durmiendo. Me odio cuando me empeño en buscar agujas en pajares. Aunque a veces me sale bien, hoy no es el día...Voy a por otra cafetera, a ver si doy un giro y en vez de buscar trabajo me dedico a trabajar)

1 comentario:

villullas dijo...

Querida, qué razón tienes... Una vez trabajé de abogada para una llamada AICODE. Sólo decirte que la única vez que he tenido un pleito personal ha sido contra esta hija de puta.
Ánimo, espero poder pasarme por tu presentación y que me lo firmes.
Besos
Villullas