domingo, 19 de junio de 2011

"No pasa nada", dices  cuando eres joven, como para afirmarte en la acción. "Puedes hacer esto o aquello, no pasa nada", y ese reconocer la contingencia te empuja a actuar, te quita el miedo a lo que vendrá, a la muerte y a la vida. Te ayuda a vivir.
"No pasa nada", sigues diciendo cuando te reconoces en los pasillos de la vejez. Y ese aceptar la futilidad de la acción te instala bajo el edredón, te quita la esperanza de que puedes cambiar algo en el mundo, te hace aceptar tu inutilidad. Te ayuda a sobrevivir.

"El pensamiento es como el software", dices cuando puedes comparar, "por si sólo no significa nada. Todo depende de quién lo utiliza, cuándo y para qué. El contexto, honey, el contexto..."

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