lunes, 10 de octubre de 2011

Amélie Nothomb

Fagocito con ansioso placer las novelas de Amélie Nothomb. La última que leí  es la primera que escribió, Higiene del asesino. Comencé por la tarde y la acabé a primera hora de la mañana prolongando el desayuno en la cama, incapaz de hacer ninguna otra cosa hasta que llegué al final. Entonces, me levanté de la cama de un salto y una mala hostia me dominó durante todo el día. Estaba furiosa y no podía hacer nada por evitarlo. Rendida a la improductividad a la que me abocaba esa rabia, busqué información sobre la autora en un intento infantil que me hiciera estirar el momento de la lectura. Entonces leí que Amélie Nothomb escribió ese libro después de presenciar "el asesinato de su hermano en manos de un borracho". Este comentario me pareció de lo más vulgar: por su imprecisión, por su atrevimiento, por su carga despectiva. Pero, al mismo tiempo, me permitió ver el camino que me había llevado a esa rabia tenaz: la autora había cogido un hecho vulgar y terrible, una tragedia, y lo había transformado en una obra de arte exquisitamente inteligente, en una farsa. Y en ese truco magistral de transformación nos traspasaba su rabia intacta: la del absurdo de la muerte, la de la fugacidad de la vida, la de la estética del final definitivo.

Sólo una cita:
"(...)Usted me considera un asesino, cuando soy uno de los pocos seres humanos que no ha matado a nadie. Mire a su alrededor y mírese a sí misma: el mundo está lleno de asesinos, es decir, de personas que se permiten olvidar a los que pretenden haber amado. Olvidar a alguien: ¿ha pensado alguna vez en lo que eso significa? El olvido es un océano gigantesco en el que tan sólo navega un buque, que es la memoria. Para la inmensa mayoría de los hombres, este buque se reduce a una miserable barca que se cala a la menor ocasión y cuyo capitán, personaje sin escrúpulos, sólo piensa en ahorrar. ¿Sabe en qué consiste esta despreciable palabra? En sacrificar diariamente, entre los miembros del pasaje, a aquellos que son considerados superfluos. ¿Y sabe quiénes son considerados superfluos? ¿Los cabrones, los pesados, los cretinos? En absoluto: se tira por la borda  a los inútiles, los que ya han sido utilizados. Éstos ya han dado lo mejor de sí mismos, entonces, ¿qué más podrían aportar?"

2 comentarios:

Miss Violence dijo...

Helen,tan certera y tan sagaz. Como siempre hago reverencia a tu buen gusto: una cita fulminante.

Un abrazo enorme y 10 mil km de besos!

HelenLaFloresta dijo...

querida, no te olvido ;)

muaaaaaaaaaaaa