martes, 29 de noviembre de 2011





La pulsión de muerte y el deseo a vivir pueden ir de la mano, siempre que la eternidad no se presente como alternativa al sufrimiento. No temer la propia muerte es una demostración de humildad: no somos tan importantes, moriremos de todos modos, no somos indefectible e invariablemente valientes.
Es tan legítimo temer la vida como abrazar la nada.

5 comentarios:

villullas dijo...

No entiendo las ausencias, a lo sumo me acostumbro a ellas. Y nunca olvido. Y nunca dejan de doler, por muchos años que pasen. Por eso siempre soy triste, aunque sea feliz.

kinki dijo...

como te quiero villullas

Sarco Lange dijo...

Pero la muerte propia acarrea de por sí un inmenso pánico.

Bss.

Jorge Ampuero dijo...

Es un hecho que de esta vida nadie sale con vida. Hay en cada uno de nosotros un sentido y anhelo de eternidad, pero tengamos fe que lo que se viene después es mucho mejor que todo esto.
Un abrazo
y Feliz 2012!!!

:)

http://facebook.com/jorgeampuero777

Pinganillos dijo...

No nos educan para morir, sino todo lo contrario, nos hacen vivir creyendo que jamas moriremos, solo los demas mueren, y eso nos tortura durante toda la vida.

Ser mas cosciente de la muerte da felicidad y ayuda a vivir

Un saludo

Marga