miércoles, 6 de junio de 2012

Lágrimas secas del Rodri


01/06/2012
C.P. Quatre camins, Barcelona
 
Poco a poco escucho mi pálpito en los pasillos
tengo que escribir o exploto
he conseguido una libreta y lápiz por un cigarro
¡buen cambio! Me digo pa’ mis adentros
entonces, vomito…
un amigo mío se tatuó “odio tener que odiar”
¡ni que lo digas, có!
 
Odio este frío artificial
odio sus camisas azules de uniforme
odio la rabia que siento
la que me han enseñado
 
Odio esta comida insípida y la bandeja de aluminio
odio la bocina infernal que avisa los recuentos
a los que también odio
la odio sobretodo cuando me despierta por la mañana
 
Odio este olor de falso limpio y desinfectante
odio el color de estos muros
sus coronas de púas y esquinas televisadas
odio estas puertas sin cerrojo
odio el tratamiento y la reinserción
odio lxs tutorxs, psicólogxs, asistentes y criminólogxs
odio sus risas y conversaciones
aborrezco el poder que les ha sido otorgado
 
Odio esta celda y su litera de metal
odio las noches en soledad lejos de ti
odio las sábanas que ponen “serveis penitenciaris”
 
Odio el peso de la falsa justicia en mi espalda
odio las justificaciones que me mantienen aquí
odio caminar para no ir a ningún lado
odio despertar y ver las rejas que me queman las pupilas
que desmiembran el alma
odio la luz que se refleja, cuadriculada, en el suelo
odio el olor de mi ropa, los cubiertos de plástico
 
Odio la prepotencia en los rostros de lxs carcelorxs
odio las palizas y los castigos
odio el no poder tocar a mis amigxs
odio el cristal que nos separa
odio el tiempo que flota y no disfruto
odio que se me arrebate la juventud a mordiscos
odio este gritar en silencio
este llorar a secas
 
Un amigo mío se tatuó “odio tener que odiar”
¡qué razón tenías, weón!
 
Rodrigo Lanza

***
El jueves 24 de mayo Rodri, que está cumpliendo una condena de cinco años de prisión a raíz del montaje policial del 4F y que desde este abril estaba en tercer grado (yendo a trabajar cada día y volviendo por la noche a la prisión de Cuatro Caminos), tenía que salir de permiso a primera hora de la mañana. A las ocho de la mañana llamó a su madre, que lo esperaba para almorzar, explicando que no lo dejaban salir. [...]

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