jueves, 30 de agosto de 2012

Chivatos go home

Si algo traen las crisis bajo el brazo no es precisamente un pan, sino más bien un garrote. Un garrote para darle a todo aquel que ose decir que la crisis en cuestión es algo más que un desastre financiero o un bache económico o la explosión de una burbuja de caca. Las crisis suelen significar un intento de control sobre la ciudadanía, pero no sólo para evitar que se rebelen en una situación de desastre económico, sino para demostrar quién manda y para orientar las acciones de la ciudadanía hacia un lugar y no hacia otro.
Si bien las crisis revierten en unos años, estas conductas aprendidas a base del miedo y la inquina permanecen y pasan a formar parte del hacer y el deber ser colectivos.
Uno de los garrotes que más temo es la incitación a la delación, uno de los favoritos de las dictaduras. Miren sino cómo funcionaba la Inquisición: "De acuerdo a las disposiciones generales, todos los cristianos estaban obligados a delatar a cualquier personas cuyo comportamiento pareciera sospechoso, incluyéndose a sí mismos, a sus amigos y familiares." Ni que hablar del régimen nazi.
Dentro de esta tradición se inscriben las propuestas de delación que viene haciendo el gobierno cada vez que tiene ocasión. ¿Que se prenden fuego 14.000 h. por abandono y desidia? Delatemos por medio de una foto del móvil al conductor o conductora que veamos fumándose un cigarro en una zona boscosa. ¿Que aumentan estrepitosamente las tarifas de transporte? Denunciemos a quienes se atreven a compartir nuestro aristocrático viaje en tren manteniendo una conducta no aristocrática (tocar música para ganarse algo de pasta, pedir limosna, no pagar billete) a través de una app del móvil. ¿Que la nena de coletas de aquellos hippies mugrosos tiene que compartir patio con mi pequeño-gran dios en el colegio? Investiguemos su dirección real y delatémosla en caso de que le tocara el colegio del barrio de al lado.
La delación propuesta por las autoridades es un instrumento más de deslinde de responsabilidades y castigo a la miseria de los tantos que está activando el gobierno ahora que ha puesto su trono sobre las ruinas del estado de bienestar. Como lo es la persecución a inmigrantes, la clausura con candados de los contenedores de basura orgánica y todo el aparato de medidas orientadas a perseguir las maneras en que la gente se busca la vida como puede (okupar, mendigar, vender sin licencia, sacar comida de la basura, colarse en el transporte público, etc.).   Muchas molestias se toman para castigar estas acciones, que no son más que recursos de supervivencia, y muy pocas para que los ladrones de guante blanco devuelvan los miles de millones de dinero público que se han robado y se siguen robando, o que han dilapidado para beneficio propio. Debemos permanecer alertas y no permitir que estas conductas ocupen la delantera. Ya bastante milagro es que estemos vivas como para que nos lo joda la envidia ajena. ¡CUIDADO CON EL CHIVATAZO!

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