martes, 9 de octubre de 2012

Ética queer y la política del parásito

La afirmación identitaria es imprescindible para posicionarse en una sociedad que excluye y marginaliza todo aquello que se salga de la norma. Pero para una acción política eficaz (que no eficiente), creo que debería poderse jugar un doble juego: por un lado, me afirmo en una identidad para empoderarme, dar sentido a mi vida (articular el yo, diría un psicólogo), para plantarme frente al mundo con orgullo y defender modelos o formas que discuten la normalidad; pero por otro lado, articulo mis alianzas sobre la base de la ética y no de la identidad. 
Son las acciones las que definen la ética, y no los rasgos físicos, ni las prácticas sexuales, y mucho menos la estética o la asistencia a los mismos lugares. Tanto si mi intención es luchar por los derechos de un colectivo como extender una red de telecomunicaciones libre y abierta, tengo que buscar personas que compartan mi objetivo y construir una manera de llevarlo a cabo basada en unos principios éticos, que en mi caso serían la auto-organización, la autonomía, el colectivismo, la auto-gestión y la responsabilidad. Y si las personas con las que me alío respetan y practican estos principios, al menos en esa acción concreta, me da igual que lleven cresta, tengan 60 años, sean heterosexuales, amas de casa o activistas del 15-M. 
Lo contrario es aliarse con gente “del rollo” que suponemos colegas porque compartimos los mismos lugares y llevamos las mismas pintas pero que se guían por mezquinos intereses personales (pagar su alquiler, ligar, conseguir poder político, tener un grupo de colegas, colocarse en compañía, follar, etc, etc.) pero que seguirán reproduciendo y reafirmando todo aquello contra lo que una lucha: el patriarcado, la explotación de la vida, la usura capitalista, la represión, los rosarios en nuestros ovarios, las cruces sobre nuestras camas y el perdón en la punta de la lengua. 
En algún momento, tarde o temprano, a esos falsos compañeros de lucha se les cae la careta (tristemente, y gracias al miedo y a la corrección política, las caretas suelen caerse por su propio peso sin que nadie las arranque de un tirón, ya que cuando desenmascaras a alguien corres el riesgo de correr la suerte del mensajero de malas noticias: se te cortará la cabeza). Habitualmente, el desenmascaramiento acontece cuando hay dinero de por medio o cuando las cosas se ponen chungas y hay que dar la cara, el dni o dinero para apoyar una acción de soporte. 
Cuando el fin no es el medio, la ética se impone. El buen-rollismo y lo políticamente correcto que ha invadido toda moral hasta el punto de reducir el activismo a la asistencia a fiestas o a lucir una estética determinada acabarán por vaciar nuestras acciones de cualquier contenido reivindicativo y transformador. En este sentido, a veces creo que el parasitismo nos perjudica más que la infiltración. Por un lado, porque también es un tipo de infiltración, aunque no organizada ni al servicio de un poder superior. Pero sobre todo porque mina los motivos por los que nos movilizamos, haciendo que dudemos de lo que hacemos hasta el punto de querer abandonar la lucha. 
Esta reflexión intenta acompañar el comunicado enviado por Sandra, una de las organizadoras de Antiserum (fiestas queer para juntar fondos para gastos de juicios) ante el robo por uno de los organizadores de parte del dinero recaudado. Os transcribo el párrafo final:

Este comunicado, más allá de ser una denuncia de este caso pretende ser una invitación a reflexionar sobre la existencia de situaciones de este tipo en nuestros espacios. Elegimos crear estructuras autogestionadas porque el autoritarismo y los impulsos capitalistas nos destruyen la vida. La solidaridad, la confianza, la politización, y la auto-responsabilidad nos acercan al mundo en que queremos vivir. Pero estos nuestros funcionamientos son también vistos por quien de ellos se quiere aprovechar, como puertas abiertas para sus necesidades parasitarias. Creo que es importante tener la noción de que esto sucede en nuestros espacios sin que esto suponga desintegrar nuestros principios de autogestión ni nuestras ganas de una convivencia liberada de supremacías de género, sexuales, culturales, sociales, económicas... A lo largo de mi experiencia con esta persona yo sentí picores de alarma, pero los contorné porque “él estaba en el rollo, era del rollo...”. Hay personas que están en “nuestro rollo” pero no son de nuestro rollo. Cuando sentimos picores les debemos dar voz, encontrar su origen y no negarlos a través de nuestras variadas razones para ser hipócritas, o simplemente porque es más fácil, más práctico, más pacífico... La cuestión no es la negación de esos comportamientos en nuestros espacios, si no impedir su desarrollo. No hablo de desconfianza, hablo de confiar en nuestros sentidos políticos y éticos para encontrar formas de gestionar estas situaciones en nuestros espacios sin acabar robadxs, agredidxs o amargadxs.
Como se construye el compartir de una ética? Os dejo una frase que Balazs me escribió en uno de sus correos cuya ambigüedad me ayudó bastante a comprender cuán manipulables son los conceptos: “Sí, soy autoritario, soy completamente libre dentro de los limites que determino para mi mismo, mi ética.”


1 comentario:

Pat dijo...

gracias por esta entrada, nena...
qué necesaria...

besos
y deseandito tener noticias tuyas :-)