martes, 2 de octubre de 2012

"La guerra es la continuación de la política...


por otros medios."
Carl von Clausewitz 

Una de las estrategias del agresor es ponerse en el lugar de la víctima, que finalmente acaba no sólo pidiendo perdón, sino que se niega la posibilidad de tener un lugar desde el cual hablar, quejarse, llorar, sufrir. Denunciar. Atacar.
La víctima, al perder su lugar, se asume como causa de la agresión, como catalizadora de una violencia que deviene así justificada, eliminando la posibilidad de reconocerse como objeto de la agresión. Así se perpetúa el llamado “círculo de la violencia”.
Pero, ¿qué pasa si la víctima se reconoce como tal y decide salir de la lógica agresor-víctima? Difícil tarea. ¿Puede la víctima plantearse ese escape? ¿Acaso puede siquiera plantearse escapar? Tal vez imaginando un escenario sin agresiones, actuándolo, pero sin olvidar que ese escape es una estrategia de supervivencia. El escenario no es ficticio: el escenario es la guerra. Por eso, además de escapar, la víctima tiene que aprender a luchar, a organizar el ataque y, ya que conoce bien la derrota, a plantearse la posibilidad de una victoria.

R.A.E.: Víctima: 2. f. Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra. 
En latín, "vencido destinado al sacrificio". El origen también puede ser “vincta”, atada. Hay quienes dicen que no es un símbolo de derrota, sino de estima y honor a los dioses.

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