miércoles, 17 de octubre de 2012

la tristeza y la rabia

me da mucha rabia mi vulnerabilidad, ese caerme en un pozo de lágrimas y tener que andar nadando en él hasta que se evapora o una mano amiga me tira para arriba. me da mucha rabia porque me recuerda esa feminidad casposa del llanto, como si no fuera un atributo humano sino sólo de las hembras. me da mucha rabia tener culpa, porque siempre la niego, por cristiana y por inútil. me da mucha rabia dejar que el "¿por qué no hice tal o cual?" se me haya instalado como una idea fija desde hace unos días, y más rabia me da que todos los argumentos que tenía para eliminar esa absurda pregunta no funcionen ahora, cuando es ridículo plantearse el arrepentimiento. me da mucha rabia haber escogido el aislamiento de entre todas las posibles formas de enfrentar la desgracia. me da una rabia terrible que, cada vez que siento rabia que se traduce en lágrimas y reclusión, me acuerde del cuento aquel de la tristeza y la rabia.
la historia dice que la tristeza y la rabia fueron juntas a bañarse al río. se sacaron la ropa y la dejaron en la orilla. la rabia, tan desordenada, la escampó por ahí. la tristeza, tan meticulosa, la dejó en una pila bien ordenada. cuando estaban las dos lo más contentas chapoteando, escucharon unos gritos que venían del bosque: "¡¡¡Fuego, fuego, fuego!!!" Entonces la rabia, toda atolondrada, salió corriendo del agua y se puso lo primero que encontró: las ropas bien recogidas de la tristeza. y la tristeza, con ese paso cansino que siempre lleva, con esas pocas ganas de salir del sitio en donde se ha apalancado, salió del agua lentamente y, lentamente como todo lo que hace, empezó a vestirse con las únicas ropas que había por ahí: las ropas de la rabia. desde entonces, la rabia siempre va vestida de tristeza y la tristeza siempre nos confunde con su apariencia de rabia.

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