lunes, 4 de marzo de 2013

Patriarcado, hermandad, prozac y luchas

En unos días será 8 de marzo. Nada respetuosa a las efemérides institucionalizadas, raramente escribo algo ese día. Pero tengo dos buenos motivos para postear: 1) dicen que este 8 de marzo se va armar la gorda; y 2) hace desde el cabreo anti-gafapasta que no digo ni mu. Es que la enfermedad que provoca el secuestro por el capitalismo me tiene agotada. No me refiero al síndrome de Estocolmo, que es un síntoma, sino a la depresión. 
Aunque no posteo, escribo mucho sobre arte sonoro, brujas, nomadismo y otras licencias político-poéticas que practico como resistencias a la vez que como ejercicios creativos. Por necesidades del mercado escribo en inglés, lo que me distancia un poco más facilmente de Bárcenas, los micromachismos ibéricos y las rencillas nacionalistas. Además, últimamente solo escribo convocatorias, situándome en el no-lugar del deseo que quizas nunca se llegue a concretar. Esta suma de desconexiones con el bombardeo de la actualidad, esta desterritorialización digamos, podría ayudarme a andar más feliciana por el mundo. Pero, como bien decía nuestro amigo Foucault, el poder penetra en el cuerpos. Las brujas, el nomadismo y el poliglotismo ayudan a volar, pero no impiden que mi cuerpo-con-órganos sea carcomido lenta e inexhorablemente por la bestia colonialista. 
Así, entre el dolor y el miedo, asisto estupefacta, a pesar de su cotidianidad, a la orgía en la que el familia, la propiedad privada y el Estado se regodean devorando mis vísceras y mis sueños. Cada día observo impotente cómo el patriarcado dinamita los puentes que tanto esfuerzo costó construir, cómo la avaricia del capital inventa y destruye los puertos en los que tan ingenuamente me había tumbado a repostar, y lo peor, como la inmundicia del control sobre los cuerpos, las vidas y las muertes, se reproduce en todo lo que creía que estaba creando: el hijo, las amigas, el arte, la vida. 
Obviamente, saber que el capitalismo y el patriarcado me matan no me ayuda a salir de abajo del edredón. Mucho menos el identificar las derrotas. No sostengo los modelos médicos ni terapéuticos sobre la depresión, articulados armosionamente como control, culpa e individualismo, tres estrategias básicas del capital. Pero hay otras herramientas. Aquí dejo algunas:

. performar el poder de estar juntas

"Redes transfeministas y nuevas políticas de representación sexual en el Estado español", brillante charla de Tatiana Sentamans, que nos llevó a muchas a ser parte del programa publico de pensamientos y debate sobre Genealogías feministas en el Reina Sofía


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. luchar con ironía




. y, por supuesto:








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