jueves, 4 de abril de 2013

Pornoterrorista cruzando el océano

Me gusta tener libros en la mesita de noche para ir leyendo desordenadamente, según los variables estados de ánimo. A veces se tiran meses acumulando polvo y polvos; a veces los olvido. Los releo, los termino o no, se van y vuelven.
Ahora tengo (entre otros) a Moby Dick, de Herman Melville. Quise incarle el diente desde que Laurie Anderson hizo Songs and Stories from Moby Dick, a principios del 2000. Lo cogí hace una semana y fui leyendo, con pereza, las citas iniciales. Hoy me desperté atontada (que no resacosa, milagrosamente)  y decidí leer un poco antes de enchufarme al sistema. No pude pasar del primer párrafo: este es uno de esos libros que vienen para quedarse. Porque los libros son como las amigas: te abren puertas y te enseñan nuevos caminos, te definen, te acompañan, te abandonan y vuelven. Estan contigo según los variables estados de ánimo, pero una vez que te calan hondo, una vez que se funden los sueños en una amalgama única, están contigo para toda la vida.
Ese primer párrafo de Moby Dick hablaba sobre el motivo por el cual anoche me atribularon los sueños matrioshka y esta mañana la pereza ganaba a la necesidad de producir. Más aún: sobre el motivo por el cual hace días que merodeo por las casas y los corazones de mis amigas, y ayer reía y lloraba a la vez mientras conducía de vuelta a casa después de días de deriva amistosa.

Os comparto el párrafo como un regalo para quienes aman las historias y se dejan seducir por ellas, y para que quienes no han tenido todavía ese placer se abran a esa maravillosa posibilidad.
Y como ilustración os dejo el cartel de la fiesta que Diana hará este sábado como despedida antes de cruzar el gran charco en busco de otros horizontes.



Some years ago—never mind how long precisely—having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp,
drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it
requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people’s hats off—then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball.


Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación.Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin
querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes,
entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala.

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